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La visita de Gustavo Petro a Estados Unidos

Respeto, cordialidad y compromisos. 

La visita del señor presidente de la República de Colombia a los Estados Unidos, atendido por el señor presidente de ese país a pedido del colombiano, y su desenlace, es en síntesis, una buena noticia para los residentes en este país.  

No es bueno para ningún colombiano, que cada vez que alguien cite las palabras o la conducta personal del presidente Petro, tengamos que sentir vergüenza por sus desafueros, por sus discursos generalmente desenfocados del tema convocado, por sus deshilvanadas peroratas, que realmente molestan ante tan atrevidos y a veces alborotados y alocados argumentos. Por lo menos, su presentación personal ante otro presidente, su bien acomodada figura para una reunión de alto nivel, su rostro de amistad y su deseo de quedar bien, mostraron que sí podía quedar bien, que no era necesaria la patanería de otros momentos.

Uno tiene que sentir orgullo por su presidente que representa al país en otras latitudes, y aunque eso no borra el montonón de “embarradas en todas partes y de toda clase”, por lo menos nos quita el peso de saber que en esta ocasión tan importante, hizo lo necesario para comportarse como era debido, aunque muchísimos en este país estaban esperando que la embarrara nuevamente, pero otros como yo que no somos petristas, guardábamos la esperanza que le fuera mejor, como en efecto sucedió.

En el plano de los compromisos y los acuerdos con el presidente Trump, tiene ahora la obligación de recordar que le estarán vigilando 24 horas para demostrar que efectivamente evitará el crecimiento de cultivos ilícitos, tendrá que dejar la permisividad y pasividad con los grupos delincuenciales y narcotraficantes y gestores de paz. Aunque tiene candidato a la presidencia le han pedido declararse imparcial ante las próximas elecciones al Congreso y a la presidencia, y por último, el incumplimiento de lo anterior, más cada vez que abra la boca para insultar a Estados Unidos o a su presidente, lo condenará a mantenerse en la lista Clinton, esa sanción que no lo deja tranquilo porque afecta cada una de sus actividades públicas o privadas, las 24 horas del día.

En fin, por fin hubo una visita donde el escándalo no fuera su sello personal, y eso nos alegra.

Tenía que estar muy prevenido y avisado porque no salió a gritar a las calles de Nueva York que no le cumplieran las órdenes al presidente Trump; no salió a gritar contra Israel, no se metió en asuntos de otro país, y no sabemos si le dijo a Trump que soltara a Nicolás Maduro, extraído de Venezuela hace un mes. Pero todo lo que pasó en esa reunión, refleja que Trump está muy interesado en ayudarle a este país, así sea sin Petro, al que a partir de ayer le pusieron en Estados Unidos una soga en el cuello, hasta el día que él quiera mover el banco donde apoya los   piés. Petro aprendió que para todo lo que ha pasado con Estados Unidos, no necesitaba más que buenos modales, aunque Petro intentando ser caballero lo haga mal. Respeto es lo que esperan los colombianos de los presidentes, sin importar si es socialista o comunista o de derecha.

Sincretizando, en Estados Unidos le pidieron a Petro que gobernara por el bien, la prosperidad y la seguridad de los colombianos, que fue lo que juró hacer cuando se posesionó.  

Javier Solís con nosotros hoy.

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